Fray Toribio de
Benavente
Capítulo XII
Que cuenta del buen ingenio y
grande habilidad que tienen los indios en aprender todo cuanto les enseñan; y
todo lo que ven con los ojos lo hacen en breve tiempo.
El que enseña al hombre la
ciencia, ese mismo proveyó y dio a estos indios naturales grande ingenio y
habilidad para aprender todas las ciencias, artes y oficios que les han
enseñado, porque con todos han salido en tan breve tiempo, que en viendo los
oficios que en Castilla están muchos años en deprender, acá en sólo mirarlos y
verlos hacer, han muchos quedado maestros. Tienen el entendimiento vivo,
recogido y sosegado, no orgulloso ni derramado como otras naciones.
Deprendieron a leer brevemente,
así en romance como en latín, y de tirado y letra de mano. Apenas hay carta en
su lengua, de muchas que unos a otros se escriben, que como los mensajeros son
baratos, andan bien espesas. Todos las saben leer, hasta los que ha poco se
comenzaron a enseñar. Escribir se enseñaron en breve tiempo, porque en pocos
días que escriben luego contrahacen la materia que les dan sus maestros, y si
el maestro les muda otra forma de escribir, como es cosa muy común que diversos
hombres hacen diversas formas de letras, luego ellos también mudan la letra y
la hacen de la forma que les da su maestro.
En el segundo año que los
comenzamos a enseñar dieron a un muchacho de Tezcuco por muestra una bula, y
sacóla tan al natural, que la letra que hizo parecía el mismo modelo, porque el
primer renglón era de letra grande, y abajo sacó la firma ni más ni menos, Y un
I. H. S. con una imagen de Nuestra Señora, todo tan al propio, que parecía no
haber diferencia del molde a la otra letra; y por cosa notable y primera la
llevó un español a Castilla. Letras grandes y griegas, pautar y apuntar, así
canto llano como canto de órgano, hacen muy liberalmente, y han hecho muchos
libros de ello, y también han deprendido a encuadernar e iluminar, algunos de
ellos muy bien, y han sacado imágenes de planchas de bien perfectas figuras,
tanto que se maravillan cuantos las ven, porque de la primera vez las hacen
perfectas, de las cuales tengo yo bien primas muestras.
El tercero año les impusimos en
el canto, y algunos se reían y burlaban de ellos, así porque parecían
desentonados como porque parecían tener flacas voces. y en la verdad no las
tienen, tan recias ni tan suaves como los españoles, y creo que lo causa andar
descalzos y roal arropados los pechos, y ser las comidas tan pobres, pero como
hay muchos en qué escoger, siempre hay razonables capillas. Fue muy de ver el
primero que los comenzó a enseñar el canto; era un fraile viejo y apenas sabía
ninguna cosa de la lengua de los indios, sino la nuestra castellana, Y hablaba
tan en forma y en seso con los muchachos como si fuera con cuerdos españoles.
Los que lo oíamos no nos podíamos valer de risa, y los muchachos la boca
abierta oyéndole muy atentos ver qué quería decir. Fue cosa de maravilla, que
aunque alprincipio ninguna cosa entendían, ni el viejo tenía intérprete, en
poco tiempo le entendieron y aprendieron el canto de tal manera, que ahora hay
muchos de ellos tan diestros que rigen capillas y como son de vivo ingenio y
gran memoria, lo más de lo que cantan saben de coro, tanto, que si estando
cantando se revuelven las hojas o se cae el libro, no por eso dejan de cantar,
sin errar en un punto; y si ponen el libro en una mesa tan bien cantan los que
están al revés y a los lados como los que están delante. Un indio de estos
cantores, vecino de esta ciudad de Tlaxcala, ha compuesto una misa entera,
apuntada por puro ingenio, aprobada por buenos cantores de Castilla que la han
visto.
En lugar de órganos tienen música
de flautas concentradas, que parecen propiamente órganos de palo, porque son
muchas flautas. Esta música enseñaron a los indios unos menestriles que
vinieron de España; ycomo acá no hubiese quién a todos juntos los recibiese Y
diese de comer, rogámosles que se repartiesen por los pueblos de los indios, y
que les enseñasen pagándoselo, y así los enseñaron. Hacen también chirimías,
aunque no las saben dar el tono que han de tener. Un mancebo indio que tañía
flauta enseñó a tañer a otros indios en Teuacan, y en un mes todos supieron
oficiar una misa y vísperas, himnos, y magnificat, y motetes; y en medio
año estaban muy gentiles tañedores. Aquí en Tlaxcala estaba un español que lo
enseñase, el cual le dio solas tres lecciones, en las cuales deprendió todo lo
que el español sabía. Y antes que pasasen diez días tañía con el rabel entre
las flautas, y discantaba sobre todas ellas. Ahora he sabido que en México hay
maestro que tañe vihuela de arco, y tiene ya hechas todas cuatro voces. Yo creo
que antes del año sabrán tanto los indios como su maestro, o ellos podrán poco.
Hasta comenzarlos a enseñar el
latín o gramática hubo muchos pareceres, así entre los frailes como de otras
personas, y cierto se les ha enseñado con harta dificultad, mas con haber
salido muy bien con ello se da el trabajo por bien empleado, porque hay muchos
de ellos buenos gramáticos, y que componen oraciones largas y bien autorizadas,
Y versos hexámetros Y pentámetros, y lo que en más se debe tener es el
recogimiento de los estudiantes, que es como de novicios frailes, y esto con
poco trabajo de su maestro. Porque estos estudiantes y colegiales tienen su
colegio bien ordenado, adonde solos ellos se enseñan; porque después que vieron
que aprovechaban en el estudio, pasaron los del barrio de San Francisco de
México al otro barrio que se llama Santiago de Tepelulco Tatelulco adonde ahora
están con dos frailes que los enseñan, y con un bachiller indio que les lee
gramática.
Una muy buena cosa aconteció a un
clérigo recién venido de Castilla, que no podía creer que los indios sabían la
doctrina cristiana, ni pater noster, ni Credo bien dicho; y como otros
españoles le dijesen que sí, él todavía incrédulo. Y a esta sazón habían salido
dos estudiantes del colegio y el clérigo pensando que eran de los otros indios,
preguntó a uno si sabía el pater noster, y dijo que sí, e hízosele decir,
y después hízole decir el Credo, y díjole bien. Y el clérigo acusóle una
palabra que el indio bien decía, y como el indio se afirmase en que decía bien,
y el clérigo que no, tuvo el estudiante necesidad de probar cómo decía bien, y
preguntóle hablando en latín; reverende pater, cujus casus
est? Entonces como el clérigo no supiese gramática, quedó confuso y
atajado.
