“Charlie Parker”, por Haruki Murakami


Charlie Parker

 

En el elepé Bird and Diz convergen varios músicos cuya colaboración parecería a priori improbable: el habitual saber hacer de Dizzy Gillespie y el contrabajista Curley Russell, amalgamado con la curiosa participación del batería Buddy Rich, invitado por el productor Norman Granz, y de Thelonious Monk —sin empleo en aquel momento—, invitado por Charlie «Bird» Parker. El resultado es un grupo totalmente heterogéneo de cinco músicos que debe arreglárselas como pueda.

Rich era el batería número uno por aquel entonces, el más popular, con su toque enérgico y una técnica inaudita, marca de la casa —además de un caché desorbitante, por cierto—. Por su parte, Thelonious Monk, cuyo estilo vanguardista todavía no se entendía y con verdaderas dificultades para encontrar trabajo y ser aceptado por el público, persistía en su novedosa visión musical. Ni que decir tiene que Rich y Monk eran, en cuanto a estilo, como el agua y el aceite. En la grabación del disco podemos intuir que cada uno se mantenía fiel a sus propias directrices mientras se preguntaba qué rayos hacía el otro.

Me gustaría saber de qué hablaban al verse en el estudio de grabación, y me imagino que su personalidad y su manera de ver las cosas no encajaban con las del otro. De hecho, hasta donde sé, no volvieron a encontrarse después de aquella ocasión.

Cuando escuché este disco por vez primera, lamenté que a la batería no estuviera Max Roach o Kenny Clarke. En mi opinión, mientras entra el piano de Monk como una cuña afilada (no se prodiga en solos, pero su acompañamiento es sencillamente genial), la batería de Rich parece titubear, haciendo aspavientos como si anduviera perdido, y aguando la fiesta.

Con el paso del tiempo, he aprendido a apreciar el enfoque de Rich. Ahora lo escucho y me gusta. Sigo opinando que su forma de tocar resulta excesiva, pero ahora pienso que es precisamente esa particular excentricidad suya lo que le da la gracia a la sección rítmica del disco. No sé si es que me estoy haciendo viejo…, pero he llegado a la conclusión de que la singular manera de tocar, casi esotérica, de Monk destaca gracias a la confusa batería de Rich. Pensándolo bien, puede que Roach o Clarke hubieran sido demasiado previsibles y, por tanto, menos interesantes que Rich en este disco; y uno habría acabado echando de menos algo que hiciera mayor justicia a la interpretación de Charlie Parker.

Sin duda, la percusión de Rich resulta demasiado ruidosa, pero si afinas el oído, te das cuenta de que no entorpece en absoluto el quehacer de los demás instrumentistas, porque Rich amortigua el sonido cuando es necesario. Por algo era el número uno, y supongo que Norman Granz puede apuntarse un tanto por incluirlo en la grabación del disco. Basta con escuchar los platillos en la introducción de «Bloomdido», primer corte del elepé, y dejarse llevar… con una sonrisa.

Pero mi intención había sido escribir aquí sobre Charlie Parker y lo que he hecho es escribir sobre Buddy Rich…


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